sábado, 22 de febrero de 2020

LOS LEONES DEL PUENTE II

Cuando Eligia supo lo del proyecto del  alvia me preparó una bronca feroz, digna de una felina, porque no conté con ella, se me olvidó, . Sabía de mis amores con una leona rubia  allá  en Kenia y se arrancó a gritar como una  fiera.  "Lo que tu quieres-  me  espetó-- es volver con  la pelandusca  de pelos de estropajo. A mí no me la das,  asqueroso, que eres peor que Casanova. Ya me lo  dijo mi madre: convéncete hija, que todos los leones son  iguales". Temí por su salud y decidí seguir en el puente, quieto como  una estatua y aguantando las meadas de las perritas paseadoras. Pero todo cambió entre los hermanos.  Erasto, el gamberro, se dió a la bebida y a la droga, eclipsando en el Húmedo la fama del propio Genarín,  no pudimos hacer vida de él. Últimamente canta tangos lloriqueando en algún tugurio hasta la madrugada. Abasi, "el severo" dejó la severidad a un lado y sale con él de farra,  cada vez con más frecuencia. Se van a perder los dos con la vida que llevan. Badrú, el poeta "nacido en luna llena",  tiene poder de bilocación, con el cual sigue de estatua en el puente y hace al mismo tiempo doble vida, los lunes y los miércoles por la tarde  se va a no sé qué reunión  en la que casi todos y todas son poetas. Y de noche se derrite en ripios a la luna llena y a la luna vacía. Yo me dediqué a fondo a recuperar los favores  de Eligia, porque estaba claro que la pobre chica me seguía queriendo. "Anda, asqueroso, dame un beso,  que todos los leones sois iguales. Si no fuera por lo tonta que es una...".  En el fondo es tierna,  dulce y soñadora, es como  una niña...

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