jueves, 31 de diciembre de 2020

MI NIETA

Mi nieta tiene nueve años, pero sorprende muchas veces con sus ocurrencias.  Nunca se aburre, tiene recursos sobrados para  estar siempre ocupada  y divertirse. Era muy pequeña cuando la preguntábamos que por qué lloraba muchas veces sin motivo y confesó abiertamente que llorando se conseguían cosas. No hacía ascos a jugar al dominó o al ajedrez, tenía preferencia por la blanca doble, la llamaba "la banquina". Y no esperaba a que la tocara o no en el reparto, la buscaba entre todas y se la adjudicaba siempre por derecho propio. La gustaba taparse todo el cuerpo con una manta y, gateando por el suelo por toda la casa, localizarme orientada por el más leve ruido.  Cuando  ha terminado de hacer los deberes,  deriva enseguida a cualquier juego conocido o de cosecha propia.  Entrar en casa sin hacer ruido y dar un grito  para sorprender y asustar a los abuelos adormitados o viendo la tele. la produce una cascada sonora de risa, tanto mayor cuanto mayor sea el susto. Practica también el juego al escondite en la casa y es capaz de esconderse en los sitios más insospechados.  Últimamente, motivada por los concursos de cocina de la tele,  se afana en preparar postres  a su manera, cualquier ingrediente la sirve. Se ilumina su cara cuando la dices que está muy rico, pero ella jamás lo prueba. La semana pasada  sorprendió a su padre con un detalle inesperado: toma papá,  diez euros que tengo ahorrados de las propinas, te los regalo. Semejante esplendidez  no tenía sentido, nunca había tenido un gesto semejante. La explicación era que había derramado pegamento en una mesa sin tener la precaución de colocar papeles en ella para protegerla,  como se la había aconsejado. Se endureció enseguida y no había forma  de hacerlo desaparecer. Con semejante medida trató de comprar el perdón  y adelantarse para  evitar la correspondiente regañina.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

CAGAPRISAS

Lei hace unos días que un conductor que responde a las iniciales J. E. L. (no confundir con gel de baño) ha sido pillado en una autovía de Almería conduciendo a 213 kms. por hora, cuando el máximo permitido es 120. Añade el comentario que el susodicho cuenta 41 años y está domiciliado en Barcelona, de  modo que ha hecho el recorrido bordeando el Mediterráneo, y es de suponer que se sintiera  acelerado porque su coche "de alta gama" no le permitía brincar a Africa, no era anfibio. Nadie está justificado para correr de ese modo, por supuesto, pero en un cuarentón ya era de esperar que tenga suficiente sensatez para comportarse de forma más civilizada, que ya hace tiempo que rebasó las calenturas de mozo. No se detalla la causa de tanta prisa, mejor no conocerla, porque es posible que a tanta premura haya seguido un buen rato de saboreo de poder contar con regocijo su valentía a quien compartiera barra en  cualquier bar de la ruta. Y me pregunto, ¿no será pecar de ingenuo pensar que haya hecho el trayecto Barcelona-Almería sin pasar de 120?. Doy la enhorabuena a la pareja que frenó el vuelo de semejante cagaprisas. Y que pague -sin prisa- la sanción que alcanzó  de forma tan acelerada. Todos conocemos ejemplares de semejante catadura pegados a la trasera de nuestro coche haciendo exhibición de parpadeo con las luces y de tocar de modo compulsivo el pito al que va delante, a la velocidad correcta.  (No concluyo sin  pedir disculpas a lector@s de sensibilidades demasiado finas  que sientan sus tímpanos maltratados con semejante palabro, cagaprisas, que aunque no esté aún aprobado por la RAE, está en uso y debería aplicarse a toda velocidad, ésta sí, a darlo por legítimo y bien usado  
6/2/14                                                                                                                                                         

viernes, 25 de diciembre de 2020

DÍA DEL CÁNCER

Hoy es el Día del Cáncer.  No me he acercado al centro de la ciudad, donde se habrá pedido ayuda para vencerlo, y por eso no me he enterado hasta ahora, y por medio de internet´ Mando un abrazo solidario para todos los que lean esto,  o sus familiares, o sus amigos. Yo mismo he padecido esa enfermedad,  lo he comentado en más de un escrito, siguiendo el consejo de un amigo, por si ello podía resultar útil para alguien que se encuentre en esta misma situación. Y lo comento como algo superado, pasado, porque he tenido una revisión hace unos días y me ha comunicado el médico que me encuentro perfectamente, con los indicios del mismo bajo mínimos. Por supuesto, sigo con la medicación que me  tienen asignada y los correspondientes controles. Debo manifestar sinceramente que lo he hecho frente como una anécdota más de las vicisitudes de mi vida. Para lograrlo me ha servido tener una confianza plena en los médicos y  en los otros profesionales sanitarios que me atendieron, confianza que  ha resultado correspondida en todo momento por su profesionalidad y por los resultados obtenidos.   Y ahuyentar de  mi mente cualquier resquicio de pensamiento negativo procurando distanciarme del problema, sin pensar en él, limitándome a seguir los pasos del modo que me indicaban. Me ha ayudado a lograrlo el uso y disfrute del ordenador en que tecleo esto, con el cual me defiendo mejor a medida que pasa  tiempo y acumulo más soltura con la práctica
4/2/14

miércoles, 23 de diciembre de 2020

ABDICÓ EL REY II

El príncipe Felipe y su esposa  han subido a lo más alto de la escalera, como si fuera encaramarse a la punta de la Torre Eiffel en un día soleado desde donde se ve y les ven todos no solo los parisinos. No resulta difícil imaginar a muchas personas que tiemblan de emoción por la noticia porque la imaginación es libre como el viento y se despierta bulliciosa en numerosas de cabezas que consideran que pueden tener acceso a las proximidades del famoseo y quien sabe si a algún tipo de favores y ya pueden fardar  de ello en todo tiempo y lugar de por vida incluso con el peluquero que hace la siega en su cráneo de vez en cuando y a ser posible un sábado por la mañana cuando está lleno el establecimiento  y que lo oigan todos. Yo porque fui condiscípulo y amigo suyo yo porque él o ella son clientes nuestros yo porque he escrito una vez sobre uno de  ellos con halagos en algún medio yo porque soy amigo de un pariente de un practicante médico que atendió a uno de ellos en una emergencia lejana que recuerdo muy bien pero que no quiero airearlo a los cuatro vientos por si acaso. Yo, yo,  yo, ... Imagino que la cosa resultará algo parecido a lo que sucede cuando  toca el premio gordo de la lotería navideña o muere en México un pariente lejano que surgen de debajo de las piedras  parientes amigos y adláteres de toda índole como hongos. Remigio ¿te das cuenta de qué cosas, qué oportunidades  se despiertan a veces en la vida quién sabe cómo dónde y cuándo? ¡Ay Remigio quien pudiera...!