domingo, 9 de febrero de 2020
EMPANADA MENTAL
Percibió que poco a poco su mente se sumergía lentamente en una densa bruma. Estaba amaneciendo. Despertó en una habitación en una cama, había otras dos más. De una salía un quejido débil y de la otra una respiración profunda y fatigada. Le pareció evidente que estaba en un hospital. O no, - como dicen con frecuencia en determinada región-, porque en su cerebro todo eran interrogantes y dudas. Desconocía quién, cuándo y por qué le habían metido allí. Pero es que tampoco estaba seguro de estar allí. Podría ser que estuviera soñando que estaba en un hospital y amanecía. Se pellizcó para ver si lo aclaraba, y le dolió. Parecía un síntoma evidente de que estaba despierto. No estando dormido ¿ya se puede dar por seguro que se está consciente? Pues no, se puede estar inconsciente y también despierto. Lo que supongo que no se puede es estar dormido y estar consciente. Por otra parte también se planteó que quizá había soñado que estaba soñando que se pellizcaba y que le dolía. Y pensó: ¿estoy dormido, estoy soñando que estoy dormido, me imagino que soñé que estaba imaginando que estaba dormido?. ¿Qué me está pasando?. Desde luego -se dijo a sí mismo-, creo que estoy llegando demasiado lejos, porque llevo un tiempo durmiendo poco, comiendo menos y no paro de hacer elucubraciones forzando la imaginación en exceso. Está claro que debo aplicar medidas contundentes para controlar este desmadre alocado. De no hacerlo, vete a saber en qué puede terminar todo esto...
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