miércoles, 19 de febrero de 2020
DE MUDANZA
El tiempo hace que los ocupantes de una vivienda se identifiquen con ella haciéndose uno, como ocurre con los zapatos, que son la casa de los pies. De Mozart se cuenta que cambiaba de vivienda cada dos por tres, el genio debía disfrutar con las mudanzas. La última -en Viena- le duró un año, de allí le mudaron a la morada fría. Umbral, en sus primeros años en Madrid, también cambiaba de pensión más que de chaqueta hasta que ganó prestigio y pasta y se alojó en su dacha, en Majadahonda. Hay siempre nostalgia y nerviosismo al hacerse a la idea del cambio, cunde el malhumor y empieza a incubarse una tormenta en la pareja. Llegan los de las mudanzas resolutivos y comienzan el desguace. convirtiendo los muebles en un puzle. Los libros, la ropa, lo de la cocina y muchas cosas más, todo se va sumergiendo en cajas a buen ritmo. Se remata el zafarrancho con el trastero atiborrado, .ahora pasa factura la indecisión acumulada en años de no deshacerse de nada. Si el trastero que se deja es grande y pequeño el de la casa nueva, se impone un gran esfuerzo de autocontrol pra que no se desaten los nervios de forma descontrolada.. Los de mudanzas, que se encontraron con más pastel del calculado, cobran y se van. Quedan cajas y más cajas cerradas, amontonadas, el panorama es desolador. Ella apecha con la parte más dura, eso está claro:. "dónde estará"..."dónde habrán puesto"...."voy a volverme loca"... Piuede saltar la chispa en cualquier instante y conviene barra libre en consumo de tila o valeriana. Será un mes más o menos interminable, de tortura, hasta que las aguas vuelven a su cauce. Si quienes se cambian son personas mayores el problema se acrecienta porque se cansarán antes y la capacidad de aguante será más escasa. Los psiquiatras tienen catalogadas a las mudanzas como uno de los desencadenantes de las depresiones. No lo dudo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario