viernes, 23 de junio de 2017
PROYECTO DE VIAJE
Este sería mi planteamiento del viaje de trabajo, aplicando lo que he aprendido en los talleres de memoria y emociones. Salgo el lunes de madrugada. Iré -desde León- por Burgos y Vitoria para a comer en Pamplona, donde me alojaré en el hotel de siempre, a unos kilómetros de la ciudad. Llevo completo el depósito de combustible. Conecto la radio, mi compañía en la soledad de mis viajes. Conduciré sin prisas y relajado, atento a hacerlo correctamente. Procuro pensar en positivo. Repaso lo bien que lo pasé ayer con mi familia en la visita a la casa de mis padres. Me vienen ganas de fumar, pero no sigo el juego obsesivo de mi mente, decidí cortar hoy con el tabaco. Voy repasando en la memoria los paisajes y los pueblos del trayecto. Veo de lejos las imponentes torres de la catedral de Burgos y me detengo al lado de la carretera para tomar un café y estirar las piernas. Dos camioneros comentan a mi lado un accidente ocurrido cerca de Pancorbo que me alertan a redoblar la atención conduciendo, y renuevo la marcha. Antes de Miranda me saluda con la gorra en la mano la estatua del Pastor de Ameyugo, que nunca abandona su puesto a la izquierda de la carretera. Llego hasta mi destino, aparco, me recibe sonriente el conserje del hotel y subo la maleta a la habitación 412, que ya conozco de otros viajes. Despacho el menú del día, apetitoso como siempre. Regreso a Pamplona y aparco no lejos de la Plaza del Castillo. Comenzaré la tarde con el cliente siempre afable de al lado de la calle Estafeta, en la que se viven tan intensas emociones en los encierros de los sanfermines. Hasta ahora no he vuelto a fumar.
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