miércoles, 14 de junio de 2017

PELUCAS Y PELUQUINES

Entre las preocupaciones que  bullen en las cabezas de algunas personas por su imagen, no está ausente el adorno de las propias cabezas,   más por su aspecto exterior que  por lo que se cocina dentro de ellas.  Y algo que inquieta  en exceso suele ser la calvicie. Se ve algún caso en el que el calvo hace malabarismos con largos  cabellos laterales que aún conserva para ocultar de ese modo su calvicie. Otros se limitan a cortar  -como un césped segado- todo el pelo superviviente. Éste parece un gesto de valentía, un desafío, que incluso  sienta bien en algunos rostros dando a entender que quien lo practica no tiene miedo a que se le vean las ideas. Dejando a un lado a quienes recurren a potingues variados de crecepelos, que creo que son tomaduras de pelo, en muchos casos, está el cupo numeroso de calvos que recurre a pelucas o peluquines. A las primeras acceden  las mujeres porque suelen ostentar las ideas y cabellos más largos.  Desconozco el motivo de que haya más calvos que calvas. (Supongo que el nombre de "pelucas" vino de Cantabria, donde son dados a las terminaciones en "uca", como inmortalizó De Pereda con  "El Sabor de la Tierruca"). Y queda reservado el remedio del peluquín para los caballeros. Es un misterio que desconozco de qué forma se sujetan los peluquines a las cabezas, porque no he visto aún nunca nadie correr en las aceras para recuperar el suyo que se aleje por el suelo en días de vientos  huracanados. Pero los peluquines suelen cantar más y se aprecian por la diferencia de su color al lado del que tiene el pelo propio. Problema que no sé por que no se resuelve tiñendo uno y otro  con el mismo color de tinte.

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