jueves, 22 de junio de 2017

EL AJO.

 La palabra  ajo escrita es una  caricatura con la j de nariz  y los dos ojos, uno de ellos a la virulé.  También rasca la garganta al pronunciarla,  como de haber comido unos cuantos ajos crudos. Dicen que comer ajos produce longevidad, pero  nuestros antepasados se hinchaban a comer sopas de ajo y solo se hizo publicidad de que un coñac llegó a  centenario.  Se ensalza su importancia como condimento pero  aguanta poco con el aceite hirviendo en la sartén,  enseguida se chamusca. Me  ha decepcionado que el pulpo a la gallega que está divino no cuenta con el ajo en su receta   y  las tartas al whisky tampoco.  El ajo, tan elogiado, no tiene en todos tan buena acogida: llama a un chaval "pequeño" y no pasará nada, pero añádele  el ajo, "pequeñajo" y verás como se pica con el ajo. Probablemente ese sabor nefasto del ajo crudo le viene del berrinche de que tenía vocación de cebolla y creció poco. Me han contado que en la  antigüedad se  suministraban ajos a los ejércitos para aumentar  su eficacia en los combates. Pienso que una primera linea de soldados  habiendo comido ajos crudos era muy capaz de derrotar al enemigo  lanzándoles  el aliento como lanzas. Se alaban los ajos tiernos que se dice que tienen un aroma y un sabor más sutil, también lo tiene la ternera y el cordero tierno. Algunos se hacen bocas de sus propiedades como diurético, para el corazón, el asma, la tos, bronquitis y llega hasta anticancerígeno,  que es como el Bálsamo de Fierabrás.  Parece que las enfermedades huyen despavoridas ante el ajo. Le auguran últimamente un esplendoroso futuro más prometedor que el petróleo y que el mismo  oro. El ajo no se aja.

2 comentarios:

  1. Hola Julio, pues yo prefiero el ajo en las comidas y no crudo, y mas que por el olor, por el sabor es muy fuerte. Ya me imagino a esos soldados ganando batallas a punta de ajo jejeje.
    Abrazos!!

    ResponderEliminar
  2. Por supuesto, crudo debe ser insoportable. Pero dudo que ahora se ganaran las batallas a base de ajos. Abrazos también para tí, Alejandra

    ResponderEliminar