jueves, 29 de junio de 2017
LOS GIMNASIOS
Ya se va enterando la gente de lo beneficioso que resulta hacer ejercicio físico. Al pasear por algunos parques o por zonas despobladas, es frecuente que te adelante algún joven con chándal y zapatillas corriendo como un gamo. Pero es en los gimnasios públicos donde te encontrarás con cantidad de hombres y mujeres de todas las edades sudando la camiseta. A las ocho de la mañana cuando, en invierno, aún no ha amanecido, verás madrugadores esperando a que se abran las instalaciones. Asisten mayores a los que no les espanta el frío y no les cuesta madrugar porque tienen cubierto el cupo del sueño de cada día con alguna cabezada y porque, por su edad, precisan menos horas de sueño. Una vez dentro cada uno se dirige a enfrentarse con el aparato mecánico que le han aconsejado o que más le apetece, hay cantidad de artilugios para satisfacer las apetencias de cada uno. En los ejercicios de cinta o pedaleo a los que se dedica un tiempo prolongado, si coincides con un amigo o con alguien con quien tienes buena sintonía, pasarás el tiempo charlando, sin enterarte. Como postre, queda la zona líquida con duchas, piscinas, jacuzzi, sauna y baños de vapor, en los que algunos se cuecen. Y es la oportunidad de hacer exhibición de buen tipo las que lo tienen, o de hacer ostentación de músculos que cubren esqueletos gloriosos. Los mayores, cuyos cuerpos son una ruina, no se sienten acomplejados por la flacidez de sus carnes o por sus arrugas, lo tienen asimilado. No es decir nada nuevo que, para la gente de edad avanzada el ejercicio físico es particularmente beneficioso para el cuerpo y para la mente.
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