sábado, 10 de noviembre de 2018

EL CACHORRO ABANDONADO

 Salí de viaje de madrugada, como todos los lunes. A un rato de iniciar el recorrido, encontré un cachorro caminando torpemente  de un lado para otro de la carretera. Parecía de pocos días,  daba la impresión de  haber sido abandonado poco antes. Ante el peligro evidente  de ser atropellado,  me detuve,  lo recogí, y lo coloqué en el asiento de al lado.  Era un perrillo color canela, como los de peluche, los juguetes de los niños. Temblaba , chillaba débilmente y callaba cuando sentía las caricias de mi mano. Con pena, me hice cargo enseguida de que no podía quedarme con él, porque me plantearía problemas su cuidado hasta mi regreso a casa en el fin de semana.  Y pensando cómo resolver tal situación  inusitada,   se me ocurrió acercarme   a un grupo escolar para regalarlo.  Entré al pueblo más próximo y me acerqué a las escuelas. Los niños, bulliciosos, estaban  en el patio esperando para entrar y comenzar la clase.  Hablé del caso con dos maestras que  reunieron a  los estudiantes  y les contaron  mi problema   y mi deseo de entregarlo a quien tuviera interés por adoptarlo.  Cuando lo saqué del coche y lo coloqué ante ellos en el suelo,  temblando -no sé si de frío o de miedo-, despertó  tal entusiasmo que todos levantaron el brazo alborozados, les brillaban los ojos,  interesados por quedarse con él. Para  resolver con justicia la situación decidí rifarlo. El niño beneficiado en el sorteo se acercó lentamente y en silencio al cachorro, lo recogió   visiblemente emocionado,  como si portara un objeto sagrado, y lo llevó a su casa, ante la tristeza y la envidia de sus compañeros.  Las maestras me dijeron: váyase tranquilo, que ha caído en muy buenas manos.

4 comentarios:

  1. Hola, Julio.
    He descubierto tu blog hace muy poco, por Julia Zavala, así que todavía no lo he recorrido a fondo. Me encanta lo que he ido leyendo y ésta entrada en particular me ha conmovido. Un gran gesto de bondad por tu parte.
    Saludos.

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    1. Gracias, Karima. Tú tampoco das la impresión de ser mala gente. Saludos

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  2. GRACIAS, así, en mayúsculas porque hay pocos que se tomen las molestias que tú te tomaste.

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