sábado, 3 de noviembre de 2018

DICHOS VIEJOS, II

En el escrito anterior que dediqué a palabras  de uso frecuente que recuerdo en el léxico de violencia , hay que subrayar las abundantes formas de que se hacía uso para referirse a palizas  o mamporros. Es posible que el clima de agresividad de  una guerra recién terminada y el hecho de vivir en condiciones  muy precarias, dieran lugar a eso. Hoy relataré las expresiones que no olvidé de un lenguaje menos violento, mas bien socarrón. Te podían calificar de cerrado de mollera, o de cabeza dura. O de ser un balarrasa. (Esta palabra se empleó para título de una película rodada en 1951, en la que  Fernán Gómez, aún joven,  llevaba  una vida desenfrenada,  para terminar en misionero). O un  bala perdida, (cuando los chavales encontrábamos aún muchas balas en el suelo, de la reciente Guerra Civil, cuando jugábamos en el campo).  Ser una persona ligera de cascos o casquivana   era alguien que prometía lo que no podía dar, o poco reflexiva.. De quien pedía a troche y moche se decía que le hizo la boca un fraile. O era un  atropabarros, atropalastodas el  que hacía las cosas torpemente, que también se le nombraba como trafallas o trafallón. Igualmente se empleaba mucho lo de zampabollos,  sin referirse precisamente a alguien que no estuviera flaco. Un pamposao era una persona simplona, de pocas luces, tontorrona. Jaranero, al que le iba la juerga. Alguien que era soloño se definía como zolquete, poco listo. Vivaracho el que se mostraba espabilado. Quedarse ensoloñado se refería a quien viendo o escuchando  algo se quedaba alelado. Al que era presumido se le calificaba de señoritingo, relamido, de ser más tieso que un huso. A quien tenía siempre buen humor se  le definía como jaranero,  que era más alegre que unas castañuelas...

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