Disfruté anoche con el partido de ida Barcelona B - Cultural B , que puso en aprietos el prestigio futbolero catalán, porque un modesto equipo leonés les puso la cosa cuesta arriba, que lucharon como fieras sin amilanarse en el Estadio Reino de León, que ya con ese nombre les puso la cosa cruda recordando historias pasadas y que solo vieron el cielo en el tiempo de descuento cuando un muchacho del norte de Francia -no cercano a Cataluña-, defensa y con cara de niño, les marcó el gol del honor, por los pelos, al peinar el balón en escorzo al sacar una falta. Era digno de ver el espectáculo de entusiasmo sin límites que ofrecieron los compañeros como si de una final de campeonato del mundo se tratara, les ahorró el desdoro de volver a Barcelona cabizbajos. Y esto en el inicio de las eliminaciones para la Copa del Rey, del rey de España al que recusaron hace poco como a persona non grata. Se da la circunstancia chunga de que los separatistas catalanes no rechazan nada que sea bueno pal convento y tienen en sus gloriosas vitrinas los cuatro trofeos últimos de las competiciones de la Copa del Rey y van con codicia sin hacer ascos a por la quinta. Me permito aconsejar a los aficionados culés que pregunten a sus abuelos que quién fue César, el futbolista leonés que en su tiempo colaboró muy activamente en el logro de más de cuatro trofeos de los que brillan en la susodichas vitrinas-
P. D. Veo que metí la pata en un detalle importante: fue contra el BARCELONA A, NO B (Pido disculpas: es consecuencia de madrugar demasiado).
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