miércoles, 7 de noviembre de 2018

DICHOS VIEJOS III

De las pocas parejas que se atrevían a vivir juntas sin  haber pasado por la vicaría, se decía que fulana y mengano viven amontonaos. Y de una persona capaz de hacer algo insospechado, tú eres la caraba o el acabose.  O la repera. O  la monda. A éste le miró un tuerto quería decir que tenía mala suerte. Si consiguiera cazar de novio  a fulano de tal  -que es rico, tiene un buen oficio, es trabajador, formal y de buena presencia-,  se daría con un canto en los dientes. O sería un buen braguetazo. Si se comentaba de alguien que era estafador, ante cualquier manejo suyo se sentenciaba esto me huele a chamusquina. La noticia de que un anciano se había caído y se había roto una cadera sugería un comentario tan amable como éste: al burro viejo todo son pulgas. Y, ante un remedio que le llegaba tarde, después del burro muerto la cebada al rabo. O al burro viejo todo son mataduras. Hicieron el reparto de la herencia, vino la nuera y arrampló con todo. (Aquí y en otros muchos dichos asoma la oreja el machismo feroz que campeaba en aquellos tiempos). Cualquier  apaño provisional merecía la sentencia de que eso es pan para hoy y hambre para mañana.  Y se decía también de quien estaba muy enfermo, ese está entre San Marcos y la puente, (aludiendo al hostal de San Marcos y el puente que tiene al lado, como sabemos  los leoneses o los huéspedes del hostal). Estar de más en cualquier lugar era estar pintando la mona. Para caminar sin hacer ruido se aconsejaba, en metáfora, andar con escarpines. La persona poco juiciosa se tenía ganado el dicho de estás como una regadera. O como una cabra. Se decía la risa va por barrios a quien sufría cualquier infortunio.  Y por eso se usaba el dicho de  el bien y el mal al rostro sal...

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