jueves, 24 de agosto de 2017
DON GENARO XIII
Encontraron en Madrid una vivienda nueva, amueblada, confortable y muy bien situada, de acuerdo con sus deseos. Una vez instalados en su nuevo nido, viajaron en su coche una vez más a Las Médulas y retiraron de noche una buena carga de lingotes. Los trasladaron y escondieron en el lugar seguro que habían encontrado en los montes de Toledo, ocultando varios también en la casa alquilada, en lugares impensables, imposibles de localizar a no ser por ellos mismos. Don Genaro sentía emociones profundas cada vez que volvían a la mina, recordando lo que había sufrido allí y de qué modo se vio recompensado de la profunda admiración que profesaba a Las Médulas, , encontrando en ella la insospechada fortuna que les permitía aquella vida de ensueño, porque un sueño inimaginable era el que les había deparado el destino. Calculadamente se abstuvieron de hacer amistades que pudieran llegar a saber demasiado y originarles complicaciones. De común acuerdo hicieron importantes donaciones -siempre anónimas-, a Cáritas de Madrid, de León y de algún otro lugar. Ayudaron también generosamente a otras instituciones destinadas a socorrer a gente necesitada. Su situación privilegiada no les derivó a olvidar las estrecheces con las que vive mucha gente y se mostraban siempre solidarios y generosos con los pobres. Tampoco se olvidaron de su tierra y enviaron asignaciones importantes con destino a la restauración de las vidrieras de La Catedral, y a otros monumentos, sin olvidarse de hacer también una donación muy cuantiosa para cuanto pudiera precisarse para necesidades de la administración y mantenimiento de Las Médulas. Todo siempre de forma anónima, como cabría esperar.
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