miércoles, 9 de agosto de 2017
DON GENARO VI
.."La suerte me visitó un día en que la luz de mi linterna me mostró un objeto extraño incrustado a cierta altura en un rincón angosto y escondido de una galería. Me llamó la atención porque era de un color diferente al de las paredes. Como no pude alcanzarlo regresé a casa y volví raudo a la mina con una escalera plegable. Picando alrededor y con bastante dificultad logré arrancarlo. Era una especie de estuche de gruesa madera estrecho y alargado. Claramente se trataba de algo construído por el hombre. Regresé con él a casa de nuevo y me afané en abrirlo. En su interior había varios pergaminos escritos en latín enrollados y perfectamente conservados. Al fin se habían visto recompensados mis esfuerzos. Las relaciones con mis padres eran tensas porque veían en mi obsesión hacia la mina una pérdida de tiempo lamentable y sin utilidad alguna. No les dije nada del hallazgo, hablé con el cura de mi parroquia y le entregué los pergaminos para que me los tradujera bajo secreto de confesión de no contar a nadie nada. Tardó en hacerlo varios días que se me hicieron siglos. Cualquiera que fuera el texto era un hallazgo impresionante y más para mí, sensibilizado como estaba con todo lo relacionado con Las Médulas. Era de suponer que se tratara de algo que tenía que ver con la mina y escrito por alguien también implicado en ella. Pero, aunque se tratara de las églogas de Virgilio dedicadas a Lucina, se trataba de escritos de hace dos mil años y con aquellos pergaminos me consideraba sobradamente compensado de tantas horas como había dedicado a rastrear hasta el más recóndito rincón de Las Médulas pasando penalidades. Me imaginé que con lo que contaran los pergaminos iban a dar frutos mis esfuerzos volcados en cuerpo y alma a Las Médulas"...
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