lunes, 7 de agosto de 2017

DON GENARO IV

Va  trascurriendo la primavera sin  que el misterioso personaje haya vuelto por León.  En el hostal  me contaron que, en  su última estancia,  se vieron sorprendidos porque se explayó con  la confidencia de que estaba afectado por una enfermedad muy grave, y con unas expectativas de  vida limitadas. Que se había planteado desplazarse a Estados Unidos,  pero que los médicos lo habían desestimado porque las posibilidades de mejoría en su enfermedad eran nulas. Me sentí apenado porque le había cogido aprecio. En San Marcos me reiteraron  que era una persona muy afable,  pero de qué modo era impenetrable con respecto al origen de su supuesta enorme fortuna,  de la forma  en que la había conseguido.  ¿Qué insondable misterio podía ocultarse en este mutismo?. Me dijeron que contaba a veces  anécdotas de sus viajes por todo el mundo y que  siempre hablaba de León y su provincia con cálido entusiasmo. Lo conocía todo, y en sus comentarios  destacaba su admiración por nuestra Catedral y sus vidrieras, la Real Basílica de San Isidoro,   las bellezas naturales de los Picos de Europa y de Las Médulas, sobre todo vistas con el sol poniente en el otoño Y me comentaron  igualmente cómo habían observado en él la emoción que irradiaba al hablar sobre esto,  de qué modo  brillaba su mirada y sonreía, deslizando en alguna ocasión con una modulación enigmática que "en León y su provincia  hay tesoros." Dado su estado de salud era de temer que no estuviera lejos el final de su vida. Yo no podía imaginar las increibles revelaciones que me esperaban respecto a la vida de Don Genaro...

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