"En mi obsesión de no cesar en el esfuerzo de conocer hasta el más recóndito rincón de la mina, comía mal y estaba muy débil. Procuré distraerme paseando todos los días por el monte. Pasé una temporada hundido. No aguantaba vivir solo, necesitaba, ansiaba la compañía de mi novia, Mercedes, para iluminar la negrura de mis días. Pero era casi una niña y no cabía la posibilidad de compartiera sus días allí conmigo. Me hice cargo de que no podía recurrir a ningún médico para ayudarme a salir de aquel pozo y de que dependía solo de mi mismo. Me obligué a dominar mi mente para que prevalecieran en ella los pensamientos positivos. Tenía andado ya buena parte del camino para lograr mi objetivo. Sabía que había un gran tesoro en la mina, tenía ya ubicada la galería en que estaba situado y me restaba solo el esfuerzo final de encontrar el sitio concreto. Había superado ya la parte más difícil, localizar la zona en que se encontraba el objeto de mis desvelos. De esta forma recuperé la ilusión de seguir intentando llegar al resultado que me había prefijado. Ahora quedaba el reto definitivo: adivinar qué estaba señalado con la referencia enigmática de LXX. Debería localizar aquel sitio, no era cosa de picar las paredes y el suelo de toda la galería. LXX podía interpretarse como "LOCUS XX", el lugar nº 20, pero también podía significar 70, LXX. ¿Setenta pasos? ¿Hacia dónde?. Otra vez el tormento de la duda. Me enfrenté a este nuevo obstáculo con todo el entusiasmo que pude arrancar de mi mente pensando que era abrir la última puerta que me llevaría a una vida opulenta con Mercedes para el resto de nuestros días"...
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