viernes, 4 de octubre de 2019
LAMENTOS DE DAWI
Soy Dawi, el león de León, ("Dawi", "el amado", ¡qué ironía!). Sigo petrificado con mis tres hermanos en las cuatro esquinas del puente de la estación, ese puente de barandillas elegantes como si fueran uno de los puentes de París sobre el Sena. No he vuelto a saber nada de mi amada Eligia, la que se pavoneaba viviendo en su selva particular, junto al puente de San Marcos, a orillas del hostal de lujo y soñando -transformada en doncella humana- con amores imposibles con algún potentado alojado en el hostal. La hice llegar una carta el 17 de Febrero pasado, aclarando, una vez más, que sus celos de las fiestas de San Juan del año pasado eran infundados, pero como si nada. No supe más de sus amores repentinos con el cocodrilo. Desconozco si la habrá devorado el reptil, no me extrañaría, que los cocodrilos no son hermanitas de la caridad precisamente. Tampoco sé si habrá regresado a Kenia. como me ha amenazado más de una vez. Mis hermanos y yo hemos perdido la capacidad de convertirnos en humanos a capricho porque murió el brujo de la tribu que nos había regalado ese poder, y aquí seguimos de adorno´sobre el puente. Esto es un sinvivir, una angustia que me corroe día y noche. Las muchas personas que pasan por el puente cada día podrán comprobar la ansiedad con que miramos cada uno hacia su lado por ver si vemos pasar algún día a la leona de mis sueños. Los humanos saben de sufrimientos por amores, pero desconocen, no se imaginan lo que puede llegar a sufrir un león por el amor frustrado de su leona. De noche aumenta el caudal de las aguas del Bernesga, se lleva mi llanto hasta el Duero. Si no aparece otro brujo camuflado de emigrante que nos devuelva la capacidad de convertirnos en humanos, aquí nos pudriremos esperando que Eligia. se digne perdonarme.
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