sábado, 12 de octubre de 2019
JUZGAR A LOS DEMÁS
Conservo recuerdos que me impactaron en mi época lejana de niño de posguerra. Son como fotos en sepia, como aquella que perpetúa los tiempos escolares, en la que aparezco sentado ante el pupitre y mirando de frente, con el mapa de España al fondo y mi cabeza recortada en él, sobre Andalucía. En aquellos tiempos duros se abusaba mucho del alcohol y era frecuente encontrarse en la calle con alguien con la vista perdida, dando tumbos y tartamudeando solo. También entonces los niños nos fijábamos en todo, como los de ahora, y lo interpretábamos a nuestro modo. Tengo un recuerdo especial de un vecino que ofrecía este espectáculo con demasiada frecuencia con sus borracheras. No puedo precisar las circunstancias de su vida, si era soltero, casado o viudo, si vivía solo o acompañado. Le estoy viendo, a la caída de las tardes, con una edad indefinida, vestido pobremente y entrando o saliendo de los numerosos bares y tabernas que abundaban en el pueblo. Sus pasos vacilantes y torpes desataban las risas de los niños. En los ratos en que no estaba borracho era afable, hablaba con una voz pausada, y sus ojos reflejaban melancolía, era otra persona diferente. ¿Fue borracho siempre?. Seguro que no. ¿Y por qué derivó su vida hacia la anestesia de la borrachera?. Me producían pena los comentarios y risas que originaban sus pasos inseguros. ¡Qué sufrimientos, qué tropiezos en su vida le habrán llevado a buscar el olvido de esa manera!. Y concluía mi opinión
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