Se acercan los días de expresarnos unos a otros los mejores deseos para las fiestas navideñas y para el año que viene, -"Feliz Navidad y próspero Año Nuevo"- que llegarán en un vuelo, ya se ven dibujadas entre la niebla en el perfil del horizonte y con el zurrón lleno, no sé si de regalos o de piedras. Son días de balances del año que acaba, los hacen las empresas gimiendo sin ven malos resultados o pavoneándose si son buenos (o viceversa, según lo que se piensa que aconseja la estrategia como más acertado, por ejemplo al pasar a confesarse con hacienda). También los hace mucha gente sobre la gestión de sus días del año que agoniza. No está mal revisar lo que se proyectó para el año anterior y no se hizo, para incluirlo en el paquete del año nuevo. Se desea felicidad todo el año a las gentes que se aprecia, pero no está mal contar con estas fechas para recordarlo. No tiene pinta de que el 2016 se presente como para recibirle con euforias, danzas y cohetes, pero que no quede por no desear lo mejor del mundo para tod@s. Y cantaremos lo que haga falta hasta quedar afónicos, aunque llueva.. Pues eso, amor, salud y dinero para todos. (Yo lo veo así, en ese orden, aunque el dicho acuñado dice salud, dinero y amor). Pero para qué queremos la salud lo primero, si se va a vivir con amargura y estrecheces en lo más imprescindible, si no hay euros, y uno y otro sin amor pues como que no, no es vida. Aunque, pensándolo mejor, el amor sin salud y sin dinero no iba a tardar en convertirse en continuas trifulcas. Se mire en el orden que se mire, los tres objetivos son importantes. Pero alzo jubiloso mi copa poniendo al mal tiempo buena cara, para brindar por todos con agua de marca del Bernesga o del Torío, que no estamos precisamente para despilfarros
Diciembre 2015
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