Para evitar la influencia nociva de su suegra, se trasladó, camuflado, a vivir en Madrid, en el barrio de Salamanca. tenía lo que se dice posibles para ello. Allí dedicó su vida a exhibirse en las esquinas con un cartel bien visible en el que se anunciaba como VENDEDOR DE SUEÑOS. Pronto se extendió su fama y era mucha la gente que acudía a comprarle sueños placenteros, por ejemplo niñas casaderas que aspiraban a esposas flamantes de monarcas. Logró que soñaran con príncipes esbeltos que venían galopando en caballos blancos de países lejanos para pedir su mano. Aunque resultaba increíble de dónde iba a salir tanto príncipe, que ya no quedan demasiadas monarquías. Otras soñaron que terminaban brillantemente sus carreras recién iniciadas, que los tiempos han cambiado, la mujer ya no está destinada a vivir atada a la pata de la cama, O en triunfar en deportes, que también en esto han escalado cumbres insospechadas no hace demasiados años.¡Y vaya que si lo lograron!. Los sueños de los varones derivaban en su mayoría por llegar a lo más alto como futboleros, pongamos en el Madrid, el Barcelona, (o viceversa, que no se enfurruñen más los seguidores de Más, no es ese mi deseo). También llevó de calle a muchos el deseo de llegar lejos en la cosa del politiqueo, ha despertado el ansia de conseguir dinero y fama a base de militar, como soldados aguerridos, en algún partido político, que no es moco de pavo lo que se puede lograr allí. puede ser el braguetazo de su vida. No faltan, en estos tiempos, ejemplos a montones para acunar semejantes sueños. Otr@s much@s no intentaron llegar hasta el Vendedor de Sueños. Después de cursar carreras están frustrados, hartos de estar parados, ¡no más carreras!
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