martes, 7 de julio de 2015

PALABRAS Y ESCRITOS

Para comunicarnos con los demás,  disponemos de  estos dos instrumentos.  Una y otro brotan de la misma fuente, del  propio cerebro.  La escritura es una comunicación   pensada y ponderada, redactada en solitario y en silencio, no surge en una discusión violenta como ocurre a veces con la palabra. Quedan  los escritos vivos, acertados o equivocados,  que  son un testimonio irrefutable de lo que está expresado en ellos.  De las palabras se dice que las lleva el viento, que no queda constancia alguna, pero no es así, desencadenan emociones. Pueden ser usadas de forma positiva, y producir felicidad o consuelo, comunicando sentimientos de amor o de afecto a quien las escucha. A pesar de su volatilidad,   pueden causar  mucho daño en una discusión acalorada, ocurre con mucha frecuencia  que se diga algo que produce rencores  o rupturas de por vida. Porque una vez que fueron pronunciadas no admiten vuelta atrás, no pueden borrarse como los escritos, son como un líquido derramado imposible de recuperar. Y pedir perdón  se estila más ben poco. En el manejo de las palabras sería bueno disponer de un filtro entre el cerebro y la boca para no decir algo inoportuno, que va a producir dolor para quien lo escucha y para quien lo ha pronunciado en arrebatos descontrolados. Sería acertado contar hasta 10 antes de que las palabras hirientes salgan disparadas por la boca.  Otro modo de comunicarse ante las ofensas es el silencio, que es un  un reproche elocuente, sin  palabras. O una forma de evitar pronunciarse de forma inapropiada por por la excitación del momento.También cuenta el lenguaje corporal. que se expresa con  la mirada, la gesticulación excesiva,  la rigidez del cuerpo, el timbre de voz,  de diversas  maneras. Somos esclavos de las palabras pronunciadas y dueños de nuestro silencio.

lunes, 6 de julio de 2015

DE LA ESCUELA

De  la década de los cuarenta,  solo conservo un testimonio de mis trabajos en la escuela,  el  dibujo de un gorrión reproducido  a lápiz  de una lámina de Emilio Freixas. (Recuerdo otras láminas de este excelente dibujante que pasaron por mis manos, de leones en pleno salto hacia su presa  con las guarras amenazantes, de cabezas de caballo,  de tapias en ruinas, con yedra y con plantas de pita en el entorno. También de algún guerrero romano con su casco adornado con relieves y el perfil de caras de mujeres hermosas).  Me haría ilusión  haber conservado   algún cuaderno de aquellos tiempos.  Recuerdo el disgusto de los  borrones de tinta  azul-violeta en ellos, y .en los propios dedos. Los escritos se hacían con pluma y tintero, incrustado en el pupitre, porque el   invento del bolígrafo aún nos cogía lejos. Me queda también el recuerdo de algún dibujo del mapa de España, con las venas de sus ríos,  del yugo y las flechas, de José Antonio y de Franco,  que coloreábamos  con  las "pinturas" de Alpino.   Los libros  de que disponen los niños de estos tiempos, con  los que aprende mi nieta, contrastan con  la aridez de nuestras enciclopedias en blanco y negro, que en un solo ejemplar compendiaban  todas las materias. Poseo una Enciclopedia Grado Elemental, con 400 grabados y 438 páginas, editada en 1944, que compré en el rastro de los sábados, en la leve cuesta de la calle Fernández Cadórniga, al lado de la Plaza del Grano, Quizás escriba algún día sobre las materias y ejercicios que contiene, nada que ver con lo que se enseña ahora. Encontrar algún testimonio más de mi niñez me  llevaría  a evocar aquellos emocionantes años vividos, aparte de  los que han sobrevivido en mi memoria, algunos son  vagos y borrosos, como sumergidos en una espesa  niebla.

domingo, 5 de julio de 2015

DORMIR EN UN ÁRBOL

Recuerdo haber visto hace mucho tiempo, en un viaje,  que alguien  había instalado  un habitáculo  en un árbol para alojarse en él.   Era más allá de Burgos, hacia el norte,  y al lado de la carretera. En  un tronco grueso, viejo, con  poca altura y abundantes ramas. Habían clavado  unas tablas horizontales sobre ellas a modo de repisas, y unos apoyos verticales que soportaban  un trozo de toldo negro a modo de tejado. Apoyada en el  tronco una breve escalera. Y eso era todo.  Es de suponer que lo  habitaría algún  vagabundo, él solo, no es imaginable un matrimonio y menos una pareja con niños prendidos, para dormir, con pinzas de las ramas. He visto, en el ordenador auténticas viviendas amplias adosadas a un árbol, pero algo tan austero como esto no había tenido ocasión de verlo en ninguna parte.  Bien mirado,   no deja de ser una salida ingeniosa para tanta gente como duerme en el metro, en un portal o en la calle. Dormirse viendo las estrellas y la luna haciendo su camino lento,  enredada entre las ramas,  y salir entera.  Amanecer recibiendo   las caricias tibias de  los rayos del sol en los ojos.  como si fuera un despertador sin ruido. Gozando de hermosas vistas sin necesidad de limpiar   cristales ni fregar suelos. Supongo que tendría alguna pareja de pájaros por vecinos, anidadas en el propio árbol o cerca,   y que habría buena armonía de convivencia entre ellos. Seguiría con curiosidad el nacimiento de los polluelos y su despertar a la vida,  hasta que se independizaran con el vuelo recién aprendido. Solo resultaría problema  convivir con un pájaro carpintero por vecino, que se vería ofendido en su profesionalidad por la  chapuza de aquel habitáculo construido por los humanos.

sábado, 4 de julio de 2015

SE FUE NICHOLÁS

En la estación de ferrocarril de Praga,  hay un monumento en el que figura un hombre de pié con un niño en brazos, una niña a su izquierda  y una maleta a su derecha. Es un homenaje a Nicholás Winton, un banquero inglés que libró de una muerte segura a 669 niños checoslovacos a manos de los nazis, en septiembre de 1939,  al comienzo de la 2ª Guerra Mundial. Banquero de profesión, dedicó las tardes a lograr ayuda en su tierra, para llevar a cabo 8 viajes por ferrocarril con destino a Londres. y encontrar casas de acogida para ellos. Era un mecenas afable, modesto y discreto. No se supo nada hasta que su esposa encontró, en 1988, casualmente, en el desván de su casa,  amplia documentación y las fichas correspondientes a cada uno de ellos. Se le consideró "El Schindler británico". En su caso, parece evidente que resulta saludable una vida entregada generosamente a los demás, porque vivió ciento séis años. Fue su último viaje, él solo en este caso, hace tres días,  el pasado lunes día 1 de Julio. En su homenaje se dijo  "Se ha marchado un hombre bueno, símbolo de la valentía, profunda humanidad e increíble modestia"

VIAJES II

Es un placer visitar cada poco tiempo y durante muchos años a gente que son clientes y amigos casi todos. Pocas profesiones existirán tan enriquecedoras como ésta, que  permite conocer a gran número de personas, todas diferentes, como sus huellas dactilares. He seguido la norma de asociarlos en grupos de ciertas características comunes. Antes de entrar en su establecimiento me hacía  una composición mental de cómo transcurriría la visita, incluso calculando el volumen de la compra. Y debo confesar que llegué a conseguir buena puntería. Pude comprobar que las personas   moldean  su comportamiento en cierto modo de acuerdo con la forma en que las tratas, Y eso se aprecia recordando la reacción del cliente en la primera visita y la que ostenta pasado un tiempo.   La relación continuada con numerosas personas facilita un aprendizaje inestimable. Años después de cesar en mi trabajo, me enseñaron en los talleres de memoria y emociones  tres pilares  importantes para la vida   (y para mi profesión),  Los usé sin conocerlos, a mi modo. Son  la empatía, la asertividad y el pensamiento flexible. Por la empatía me situaba al otro lado del mostrador, metido en la piel del cliente con sus circunstancias y sus problemas. Comprobé la importancia de la asertividad para defender los derechos de la empresa que representaba y los propios,  que muchas veces resultan atropellados si no se defienden con firmeza serena y con razonamientos convincentes. Mostrar siempre una postura abierta, de flexibilidad,  ante  la del otro, que nadie está en posesión de verdades absolutas. Y  sin recurrir nunca a la mentira,  no me gusta, y creo que jamás  aporta nada bueno.   Estas  herramientas,  cuya existencia desconocía entonces,  usadas a mi modo me dieron buenos resultados.

viernes, 3 de julio de 2015

VIAJES I

Recuerdos de mis tiempos activos. Soy  comercial y en  las madrugadas de los   lunes  inicio  el viaje que me lleva  casi siempre a Burgos. Allí mismo hay labor que me espera y  es punto de partida radial hacia otras ciudades. ¿Puedo  calificar  mi trabajo  de rutinario?. Confesaré de antemano que es una actividad   que me resultó siempre ilusionante a pesar de los sacrificios evidentes que conlleva. Pues  en parte es monótona  al menos en lo que se refiere a los desplazamientos por itinerarios mil veces repetidos. Hay que contar con las circunstancias y las variaciones del paisaje en cada estación del año, diferentes  pero repetidas en sí mismas. Mi coche  conoce el trayecto de memoria y  da la sensación de que está deseando que  dé una cabezada larga para demostrarme cómo es capaz  de recorrerlo sin mi ayuda,   como  hacen  algunas caballerías. Es un coche inteligente y digno de confianza  pero no accedo a la prueba por si acaso. Tengo  fijos los restaurantes  en que como en el trayecto -también en las  ciudades-  pero no descarto probar en alguno nuevo que me encuentre, si me anima el aspecto exterior y el volumen de vehículos aparcados cerca. En los que conozco de hace tiempo, tengo decidido  casi siempre  lo que voy a comer en cada uno. Lo mismo hago con los hoteles en que me alojo, en los cuales conozco varias de sus habitaciones que saben de mi sueño y de mis sueños.  (Este relato es un viaje virtual con los recuerdos que no me abandonaron  de tantos años activo  en los mismos lugares. Continuaré mañana,   suponiendo que tenga ganas, soy libre como los gorriones de hacerlo a mi antojo, siempre tuve  libertad  para hacer las cosas a mi modo.  Y si no otro día).

jueves, 2 de julio de 2015

LA VENGANZA DE LAS HORMIGAS

Caminaba  siempre doblado, mirando al suelo. Su espalda había adoptado la forma de ballesta en tensión a punto de disparar la flecha. La opinión unánime de los médicos a los que recurrieron sus padres, era  que no  estaba originada por problemas con la columna vertebral,   ni  tampoco era consecuencia de sus  años. Le venía  impuesta desde niño,  como si en lugar de nacer con un pan bajo el brazo lo hubiera  hecho con  un saco pesado cargado sobre sus hombros. No se había podido aclarar la causa de tal anomalía  a pesar de la diligencia de sus    padres en llevarle a  la consulta de  los especialistas más destacados. Con el tempo, después de realizar intensas investigaciones se llegó a la conclusión de que la anomalía provenía  de  una excursión al campo que hizo de pequeño  con los compañeros del colegio. Había   pisado y destruido  un hormiguero. Hormigas dotadas de poderes paranormales le castigaron por haber producido aquel destrozo  en  sus predecesoras, causando la muerte de la mayoría. El duro  castigo quedó grabado para siempre en su cerebro por el remordimiento de haberlo hecho, y en su espalda, condenada a caminar de ese modo   para que mirara siempre al suelo al caminar y no pisara ni una sola  hormiga más en el resto de su vida. Hay quien cree que percances parecidos a éste pueden ocurrir algunas veces, dando lugar a anomalías inexplicables, que  no se aclaran nunca.
("Cuando ruge la marabunta")