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jueves, 24 de abril de 2014

LIBROS VIRTUALES

Ayer fue el Día del Libro material, construido con papel, a base de madera. Pero el progreso no para, y al invento de la imprenta le ha seguido en estos tiempos el monstruo voraz de los ordenadores, con sus blogs, sus muros y todo eso, aparte de su capacidad para almacenar un número ilimitado de libros virtuales, como también lo hace con períódicos y revistas. Total, que ha sido  capaz de engullir al papel, como la carcoma. De ese modo se irán recuperando los bosques arrasados por incendios, algo parecido a lo que ocurre con los móviles y correos electrónicos en relación con los teléfonos, y no digamos con los telegramas y las cartas.  Ha sido una puerta abierta para los que sentimos el deseo de escribir y que nunca habríamos podido editar un libro. También metió la tijera en películas y canciones, y otras actividades, como el diseño, el retoque de las fotografías y otros campos más a los que no llego. Este mismo escrito que pergeño hoy, con prisa, es una carta, o una página de un modesto libro. Pero aquí también despliega la informática sus poderes, casi sobrenaturales, porque cuando lo termine, con solo pulsar algunas teclas saldrá volando a todos los destinos en los que hay gente que lee mis publicaciones diarias, sin necesidad de otro tipo de soporte, como el  papel, y con otro sistema mágico de transporte. En mi caso, Google, Facebook, Twitter y ahora Google + son los mensajeros diarios que transportan a domicilio lo que escribo a quienes tienen la puerta abierta para que les llegue. Una vez más reitero mi agradecimiento a cuantos me han  permitido, a mis años, acceder a esto. (Me viene a la mente qué hubiera pasado si en los años cuarenta nos hubieran podido adelantar en las escuelas que íbamos a disponer de esta magia en el silglo XXI. Sería muy difícil entenderlo y resultaría algo imposible de creer en aquellos tiempos en que poseer libros era un lujo prohibido para la mayoría de la gente.

"LOS AÑOS LOCOS" I

En Estados Unidos, en el s.  XIX se quintuplica su población  y  se desarrolla como  Nación poderosa, y en el primer tercio del s. XX -anteayer- es el primer país industrial del mundo. Pero,  al mismo tiempo, pasó  por tres  vicisitudes de crecimiento, como una pubertad: "Los Años Locos,"  de euforia y  de consumismo disparatado,   "La Ley Seca" y "La Gran Depresión", con el hundimiento de la bolsa. En ese tercio de siglo el país aumenta el nivel de tecnología, y entran más de 5000 emigrantes diarios a Nueva York,  que llegan como a  "la tierra prometida."  (Les tocará aguantar tiempos muy duros hasta que llegan a identificarse con aquella forma de vida trepidante). Ford implanta en sus fábricas el sistema de cadenas de montaje, que se aplica también en otros sectores,  consiguiendo una producción más alta con costes más reducidos.  Se inicia al mismo tiempo el sistema de venta a plazos, la gente puede comprar coche, electrodomésticos, todo es accesible con ese tentador sistema. El propio Ford  lo aplica para facilitar la compra de automóviles a sus propios empleados.  Nueva York sufre la enfermedad del gigantismo y se ve afectada por una fiebre desatada de construir rascacielos. La carrera de construcción de los mismos nace c en la última década del s. XIX,  y en el primer tercio  del pasado se construyeron algunos tan emblemáticos como el Edificio Chrysler y el Empire State. (El último recuento recoge 973 rascacielos de más de 100 m. de altura.) La gente vive bien en lo que se refiere al onsumismo  en aquellos tiempos,  hay un desarrollo desbocado,  consumismo a tope,  gigantescas empresas,  lujo, joyas, mansiones, teatros,  jazz, charlestón, lo que quieras. De ahí puede devenir ese patriotismo orgulloso, sentido,  de su país, que aún conservan. Pero ese globo hinchado de "Los Felices Años Veinte" tenía que reventar, era imposible   mantenerlo                                                    

miércoles, 23 de abril de 2014

DIA DEL LIBRO

Hoy es el Día del Libro, la fiesta del libro. ¿Y cómo lo celebran los libros?.  No sé si esta noche, o todas las noches del año, rompen con su mudez sonora -que no es mudez total- y , agrupados por temas, como están en las estanterías, hablan entre sí los de viajes, por ejemplo,  para contarse sus cuitas entre ellos. Pues mira, yo viajé  a Nueva York estos ocho días pasados, contaría uno, y me llevó una pareja de novios para comentar, entre arrumacos, pues vamos a planear las visitas de mañana. El l libro cuenta que los lugares preferidos son Central Park y el Empire. Bueno, pues vamos al Empire. Y tú, que lees muy bien porque hiciste carrera (aunque no te ha servido de nada hasta ahora), lee lo que cuenta de ese rascacielos para ir un poco enterados y asimilar mejor lo que nos cuente el guía. Y luego, al devolverme a la biblioteca de préstamo, se le olvidó a Maite retirar la hoja que escribió  comentando  lo que más la había emocionado. Libros que, abiertos, son aves con sus alas desplegadas que nos transportan a todos los lugares, a todos los sueños, montados muellemente en sus lomos. Libros que han hecho inmortales a muchos genios que admiramos y que siguen vivos y callados, prestos a contarnos una vez más, aquellos aconteceres que leímos en ellos y con cuya lectura, siembre vibramos. Voces grabadas en papel con  las que los escritores no mueren nunca y permanecen siempre  a nuestra disposición  para alegrar nuestras tristezas,  combatir nuestro aburrimiento, o hacernos soñar cuando padecemos insomnio. Libros que nos hacen libres, amigos, sabios, consejeros, emocionantes, arrebatadores. Que quitan penas y curan  depresiones. Quién pudiera escuchar hoy a Victor Hugo, a Cervantes, a Lope, a Calderón, a Quevedo, a Julio Verne. Al mismo Umbral, que viene, desaforado, a hablarte de su libro. Pues ahí los tienes, todos al alcance de tus dedos.

ÄRBOLES HARTOS

Soñé haber escuchado que, en una noche fría,   uno de los árboles del parque  habló a sus compañeros -de forma sindical- de  este modo: "Compañeras y compañeros, ya está bien de aguantar.  Se comportan con nosotros como Rajoy, como los más despiadados enemigos. Todos los árboles, y en todos lugares, somos víctimas de sus hachas, o de sus fogatas, de su  inagotable deseo destructivo. Los frutales no sacian su codicia, aunque envejecen  dándoles sus frutas, sin muestra de gratitud alguna. Incluso se cobijan en verano bajo nuestra  sombra  para devorar, allí mismo,  nuestras frutas. Los que estamos  en parques servimos solo para lucimiento de los alcaldes que nos plantaron y para  urinarios  de los perros. ¡Y los humanos aún alardean de ser amigos de los árboles!.Vienen los inviernos  y  sufrimos,  desnudos y en silencio, muertos de frío.¿Quién se compadece, quién  nos echa una mano para protegernos?. Pero es que se da la ironía de que somos madera combustible y millones de nosotros pasan del frío al calor muriendo en verano en los montes,  convertidos   en hogueras,  víctimas de no sé que locura de incendiarios. Cuando somos viejos,  ellos nos  aprovechan  para calentarse a  nuestra costa, sin consideración alguna  Sería bueno quemarnos todos ahora que que es primavera y nos miran  con la ambición de ver cuánta fruta pueden  esperar por la abundancia de flores en  nuestras ramas. Pido voluntarios para ir al Olimpo  a suplicar a Vulcano que nos  ayude. Él,  que es el dios del fuego,  podrá quemarnos a todos, menos a uno de cada clase, como lo del Arca de Noé, para que   reciba  todos los cuidados de los humanos. A la  vuelta de siglos  poblaremos  de nuevo la tierra, pero se acordarán de este escarmiento. De ese modo es de esperar que aquellos árboles serán tratados como se merecen".

martes, 22 de abril de 2014

GOOGLE X

El Google de hoy se ha mutado en Doodle  que intenta  mentalizarnos de la necesidad de convertir la tierra que habitamos en un paraíso terrenal, no en un monumental estercolero, que parece que es en lo que estamos, y no solo en la tierra, sino por tierra mar y aire. Y nos envía el mensaje  a base del ingrávido  picaflores de hermosos colores, que viene a ser como un híbrido  de pajarillo y mariposa, para desearnos un Feliz Día de la Tierra. Le sigue un macaco japonés que tiembla de frío.  Baja el nivel poético con un escarabajo pelotero que desplaza -marcha atrás- su bola, como si fuera la propia bola de la tierra, que también parece que marcha hacia atrás en muchas cosas. Y se une al coro de las felicitaciones nada menos que la medusa,  la que gusta de rozar pieles tiernas de bañistas para dejarlas con cariño su cosquilleo en forma de rojizo y doloroso sarpullido. Hace medio siglo, los que se hacían llamar Los Mismos, cantaban jubilosos aquello de "Será maravilloso viajar hasta Mallorca" . Parece ser que a las medusas no las sonó bien la canción, no fueron sensibles al melódico reclamo, y viajaron con su cosquilleo hasta  las playas mediterráneas  hace cinco años. Y tengo entendido que siguen dale que dale con lo suyo. Que los colibrís picaflores nos traigan el mensaje feliz, me parece bien, no desentona, pero que lo hagan las medusas que me he enterado de que  algunas pueden llegar a ser mortales,  pues como que tiene pinta  de  ironía. Y si no, que se lo pregunten a las bañistas que han arrascado poco complacidas sus caricias. Mal  camino llevamos los humanos para poder celebrar con alborozo las lindezas de la tierra, que más bien parecemos empeñados en que no brille como un idílico paraiso, a pesar de los  esfuerzos de los concejales de la cosa por  atiborrar las ciudades de parques y jardines...

JUEGOS DE MEMORIA VI

ALSASUA. Recuerdo a un joyero y protésico dental que exhibía en una estantería una serie de maxilares superiores e inferiores con sus dientes. Eran bocas abiertas, descarnadas, que sonreían con una expresión inquietante, turbadora, a clientes y a viajantes. (¡Enseñaban los dientes!).
ALIMENTOS. Eran tiempos de posguerra, de comidas austeras para  la mayoría de los españoles. No pasábamos hambre en el colegio, pero la calidad era bastante deficiente,  a pesar de que un cocinero -con fama de haber cocinado para un obispo-,  aderezaba nuestros platos. ¡Eran antológicos los chorizos en aceite, lástima  que duraban tan poco!. (Murió en Madrid atropellado por un coche al intentar cruzar una calle). Abundaban en exceso las berzas oscuras: "En Corias existe - una buena huerta  - que solo produce -patatas y berzas": la copla se repetía demasiado en las comidas.  De la propia cosecha procedían también deliciosas uvas blancas y castañas . Era un suplicio  que se nos obligara a comer todo lo que nos servían en el plato. Un alumno de mi curso, -el mejor, el más inteligente-  sufría lo indecible para comer su ración, particularmente los pastosos macarrones apiñados en bolas compactas. Muchas veces los comía regados con sus lágrimas, ante la expectación dolida de todos sus compañeros. ( Tuvo un triste final, que quizá me decida a contar otro día). Casi todos  recibíamos con júbilo,  de vez en cuando,  el regalo amoroso del paquete de casa con ciertos alimentos no perecederos.  Una vez al menos, que yo recuerde,  nos  cortaron el suministro de luz por falta de pago. Actualmente, el grandioso monasterio de Corias se ha convertido en hostal de lujo. ¡Quién lo diría!...

lunes, 21 de abril de 2014

RELOJES

Quienes tenemos cierta edad, hemos visto los cambios que han experimentado en medio siglo  los relojes de pulsera. En nuestra juventud eran mecánicos, y había que "darles cuerda" todos los días, también a los despertadores, presentes en todas  las alacenas de las cocinas. Había  una admiración especial hacia los relojes, siempre en movimiento, sin descanso, con su rítmico latir día y noche, como  corazones de  seres vivos, controlando el propio ritmo de nuestra vida. Tenían minúsculos rubíes en los puntos de más fricción, y su número, -casi siempre 17- aparecía consignado en las esferas. Existía  una desconfianza en muchos casos de que los relojeros "robaran" los rubíes en las reparaciones, siendo  este gremio,  y también el de  los joyeros, generalmente,  de una honradez a toda prueba. Los siguieron  los relojes automáticos, que  se abastecían simplemente con el movimiento del brazo, aunque se decía muchas veces que "con el pulso."   Aquellos relojes mecánicos duraban  muchos años, pasando con frecuencia de padres a hijos,  y su  salud  corría a cuenta de los relojeros.  Trabajaban con paciencia, con los codos apoyados en pequeñas mesas   altas, casi a la altura de los hombros. Ayudados  de una lupa -"la lente"- realizaban su espectacular  trabajo,  con  piezas  minúsculas, algunas casi invisibles.  Los relojeros tenían una fidelidad inquebrantable a los relojes suizos, los de toda la vida.  Pero, con  campañas de publicidad muy intensas,  irrumpieron en el mercado los relojes automáticos japoneses, de acero, rompiendo con la tradición y la monotonía de los modelos suizos.siempre iguales.  Tuvieron muchos años una hegemonía clara, pero hay  la sensación de que se ha apagado  su presencia en mercado,  suplidos por los relojes analógicos,  "de pilas", otra vez suizos. Éstos marcan la hora con una precisión  que no tenían los relojes mecánicos, que se atrasaban o adelantaban al estar funcionando durante cierto tiempo.